La vigorexia, también conocida como dismorfia muscular o complejo de Adonis, es un trastorno psicológico caracterizado por una preocupación obsesiva por desarrollar masa muscular y mejorar la apariencia física. Quienes la padecen suelen percibirse débiles o poco musculosos, aun cuando presentan un cuerpo atlético o musculado.
En sus inicios, este trastorno fue denominado “anorexia inversa” debido a las similitudes que comparte con otros trastornos relacionados con la imagen corporal y la autoestima. Actualmente, se considera una alteración dismórfica corporal que afecta principalmente a hombres jóvenes, aunque también puede presentarse en mujeres.
Las personas con vigorexia suelen dedicar largas horas al ejercicio físico, especialmente al levantamiento de pesas y entrenamientos intensos. Además, mantienen dietas estrictas enfocadas en el consumo excesivo de proteínas y suplementos para aumentar el volumen muscular.
Especialistas advierten que, en muchos casos, la obsesión por alcanzar el “cuerpo perfecto” lleva al consumo de esteroides anabolizantes y otras sustancias que pueden resultar peligrosas para la salud. A pesar de los cambios físicos evidentes, quienes padecen este trastorno continúan sintiéndose inconformes con su apariencia.
Entre las principales causas relacionadas con la vigorexia destacan la presión social, los estándares de belleza irreales y la influencia constante de redes sociales, publicidad y contenidos que asocian el éxito personal con una apariencia física musculosa y atlética.
Expertos también señalan que las experiencias de rechazo, bullying o baja autoestima durante la infancia y adolescencia pueden aumentar el riesgo de desarrollar este tipo de trastornos relacionados con la percepción corporal.
La vigorexia puede generar importantes consecuencias físicas y emocionales. Entre ellas se encuentran lesiones musculares y articulares por sobreentrenamiento, ansiedad, aislamiento social, cambios de humor y problemas relacionados con el consumo de anabólicos y sustancias estimulantes.
El uso excesivo de esteroides puede provocar daños hepáticos, alteraciones hormonales, problemas cardiovasculares, hipertensión, acné, caída del cabello y trastornos metabólicos. Además, en hombres puede generar infertilidad y disminución de la producción hormonal, mientras que en mujeres puede alterar el ciclo menstrual y producir cambios físicos importantes.
Especialistas indican que algunas señales de alerta incluyen la necesidad compulsiva de entrenar diariamente, la obsesión constante por el físico, el malestar emocional cuando no se realiza ejercicio y la percepción distorsionada del propio cuerpo.
El tratamiento de la vigorexia requiere acompañamiento profesional mediante terapia psicológica, apoyo emocional y seguimiento médico. También es importante fomentar hábitos saludables relacionados con el ejercicio, la alimentación y la autoestima, priorizando el bienestar físico y mental por encima de los estándares estéticos irreales.