La vigorexia, también conocida como bigorexia, síndrome de Adonis o dismorfia muscular, es un trastorno caracterizado por la preocupación excesiva y persistente por no tener suficiente musculatura, incluso cuando la persona ya posee un físico desarrollado. Su nombre proviene del latín vigor (fuerza) y orexis (apetito), reflejando un “hambre de fuerza” que puede afectar seriamente la vida personal y social.
Este trastorno suele observarse con mayor frecuencia entre quienes practican culturismo o asisten regularmente a gimnasios. Se manifiesta mediante conductas como entrenamiento excesivo, dietas estrictas y uso de suplementos o esteroides, acompañado de una insatisfacción crónica con la apariencia física y aislamiento social. La vigorexia puede derivar en consecuencias físicas graves, como lesiones musculares, problemas cardíacos y disfunción hormonal, así como en problemas psicológicos como ansiedad, depresión o adicción a sustancias.
Su diagnóstico requiere evaluación profesional, observando patrones de conducta y utilizando criterios del DSM-5-TR para la dismorfia muscular. Los factores que contribuyen a su desarrollo incluyen predisposición biológica, baja autoestima, perfeccionismo, presión social por ideales corporales y experiencias traumáticas o críticas sobre la apariencia física.
La prevención y detección temprana implican fomentar una imagen corporal positiva, hábitos saludables de ejercicio y alimentación, y atención de familiares, entrenadores y profesionales de la salud ante señales de alerta, como el exceso de entrenamiento, la obsesión con la musculatura o el aislamiento social.