Puede que te enfrentes a un trabajo con condiciones precarias, para el que estás sobrecualificado, con un ambiente poco saludable o, sencillamente, en el que no te sientas realizado o valorado. Un empleo en el que no estás a gusto te expone al riesgo de sufrir estrés, agotamiento físico y mental, e incluso ver minada tu autoestima, síntomas que se asocian al síndrome del trabajador quemado (reconocido por la OMS como enfermedad). Y, sin embargo, no siempre es posible dejar un trabajo que no nos hace sentir bien, especialmente si nos enfrentamos a una situación profesional y económica complicada. Para quienes no disponen de un colchón económico que alivie la presión de pasar aunque solo sea unos meses sin trabajar, el día a día se convierte en un complicado camino que transitar. ¿Cómo le hacen frente quienes se encuentran en esta situación?
De las 12 definiciones que la RAE da del término “trabajo”, ninguna sugiere nada agradable. “Ocupación retribuida” ya da pistas de que, en la mayoría de los casos, se trata de algo que se hace por necesidad, para conseguir una remuneración. Más dramática es la que habla de “penalidad, molestia, tormento o suceso infeliz” y que ya nos iba dando una idea de que el trabajo a veces puede distar mucho de la felicidad. Y es que, como dice la canción, “es una lata el trabajar”, que desgraciadamente en ocasiones va mucho más allá del fastidio que supone tener que madrugar o estar sometido a un horario fijo.
VER MÁS