Concretamente, un promedio de 110 personas por cada 1.000 han consumido una dosis de benzodiacepina al día, según denuncia la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU). Se trata de un medicamento utilizado para trastornos de ansiedad o insomnio, principalmente, cuyo elevado consumo por parte de la población "responde a la falta de una respuesta adecuada por parte de la sanidad pública a los problemas de salud mental".
Las benzodiacepinas son los fármacos "tranquilizantes o inductores del sueño más utilizados en la práctica clínica", aunque existe controversia con su eficacia y seguridad, sobre todo en pacientes con trastornos adictivos previos, tal y como recoge la 'Guía consenso para el buen uso de las benzodiacepinas publicada por Sanidad'.
En este sentido, las benzodiacepinas más conocidas y consumidas entre la población son las siguientes: Diazepam (Valium), Alprazolam (Trankimacin) o Lorazepam (Orfidal). Este tipo de fármacos puede tener diversas utilidades clínicas, como ansiolíticos, hipnóticos, antiepilépticos, relajantes musculares y asistencia al alcohol u otras drogas.
Los problemas de salud mental no han parado de crecer en los últimos tiempos. "Aunque ya estamos viendo la luz al final del túnel, muchas personas sufren el impacto psicológico que ha tenido la pandemia, y cuando acuden al Sistema Nacional de Salud, la solución que reciben son pastillas", critican en la organización.
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