te hablamos de las adicciones

Compras compulsivas (la historia de Érika)

Mis padres vivieron una infancia llena de necesidades materiales y salieron adelante trabajando arduamente. Han tenido que trabajar muy duro para construir una pequeña fortuna y asegurarse de que nosotros no fuéramos a pasar por las carencias que ellos tuvieron que afrontar durante su infancia y adolescencia.

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LA ADICCIÓN AL CHOCOLATE NO EXISTE (Y MENOS UN DÍA COMO HOY)

Se mire por donde se mire, hoy resulta imposible permanecer ajenos a el día mundial del chocolate. En pastelerías y tiendas de alimentación, pero también en webs, tiendas de regalos, Instagram… en estas fechas es difícil no pensar en el dulce de los dioses. Y, claro, tú no te puedes resistir. Y acabas comprando. Y comiendo. No es la primera vez que te pasa, así que te preguntas: “¿Esto es porque tengo adicción al chocolate?”, pues lamentamos comunicarte que no. Que según los expertos ya no vale esa excusa.

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adicto a las series

es difícil no poderse levantar del sillón por esperar al terminar una serie o llegar al final que muchas veces es decepcionante

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La adicción a los analgésicos: "Lo único que quería era más medicamento".

Me recetaron Vicodin® cuando me lesioné la espalda. Debía tomar dos pastillas, dos veces por día. Pero a mí me preocupaba que la dosis no fuera suficiente y tomé algunas más para asegurarme de que el medicamento me hiciera efecto. El Vicodin® no solo alivió el dolor. Me hizo sentir de una forma que me gustó mucho. Podía estar más relajado y no sentir tanta preocupación por mi familia y mi negocio. Aunque también me cansaba mucho. Había días en que me tenía que arrastrar para hacer las cosas.

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Cómo superé mi adicción al celular

Me llamo Kevin y soy adicto a mi celular. Y si te pareces algo a mí —las estadísticas sugieren que probablemente sí, por lo menos en lo que respecta a los teléfonos— tú también tienes un problema. No me encanta referirme a lo que padecemos como una adicción. Eso parece ser demasiado estéril y clínico para describir lo que les está pasando a nuestros cerebros en la era del celular. A diferencia del alcohol o los opioides, los móviles no son una sustancia adictiva, más bien tienen un impacto ambiental en toda nuestra especie. Quizá algún día desarrollemos la estructura biológica adecuada para vivir en armonía con las supercomputadoras portátiles que satisfacen todas nuestras necesidades y nos conectan con una cantidad infinita de estímulos. Sin embargo, eso aún no ha sucedido para la mayoría de nosotros. He sido un usuario intensivo y feliz de los teléfonos portátiles durante toda mi vida adulta. No obstante, en 2018 crucé la línea invisible hacia el territorio problemático. Mis síntomas eran los típicos: me volví incapaz de leer libros, ver películas completas o tener conversaciones ininterrumpidas. Las redes sociales me enojaban y me ponían ansioso, pero incluso los espacios digitales que alguna vez me parecieron relajantes (los mensajes de texto en grupo, los pódcasts, los videos de YouTube) no me estaban ayudando. Intenté varios trucos para frenar mi uso, como borrar Twitter cada fin de semana, activar la escala de grises en mi pantalla e instalar bloqueadores de aplicaciones. Pero siempre recaía.

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Cómo prevenir el sobrepeso y la obesidad

El sobrepeso y la obesidad se han convertido en un problema de salud pública mundial. En 2016, el 39% de la población adulta mundial tenía sobrepeso y el 13%, obesidad, según la Organización Mundial de la Salud (OMS). Se estima que entre el 20% y el 25% de los niños y adolescentes en el mundo sufren este problema. Ambas enfermedades se definen como una acumulación anormal o excesiva de grasa perjudicial para la salud y se genera por un desequilibrio energético entre las calorías consumidas y las gastadas. Son factores de riesgo para diversas enfermedades como la diabetes, la infertilidad, enfermedades cardiovasculares, el cáncer, etc.

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Testimonio de un coleccionista

Los seres humanos nos alimentamos de recuerdos, esos recuerdos nos hacen revivir experiencias y es por eso que tendemos a guardar todo aquello que nos recuerda algún momento significante de nuestra vida, pero también solemos guardar cosas solo porque sí: porque nos gustan, porque tienen algún valor emocional o económico. Sin embargo, lo que podría considerarse un inocente pasatiempo puede convertirse en una obsesión e incluso en una patología.

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