Desde la pandemia, la salud mental juvenil ha empeorado notablemente. Según el Instituto Nacional de Estadística (INE), los suicidios en menores de 15 años aumentaron un 57% en 2021, y expertos estiman que entre el 10% y el 20% de los adolescentes padecen algún trastorno mental. La Organización Mundial de la Salud advierte que más de la mitad de estos trastornos se manifiestan antes de los 14 años.
Los trastornos de conducta (TC) se caracterizan por comportamientos antisociales, impulsivos y desafiantes hacia la autoridad, dificultando la convivencia familiar y escolar. Suelen estar vinculados a una mala gestión emocional y pueden manifestarse mediante violencia, fracaso escolar, consumo de sustancias o adicción a las nuevas tecnologías.
El testimonio de Miriam, una joven de 17 años, evidencia cómo la separación conflictiva de sus padres desencadenó consumo de drogas como vía de escape emocional. La evasión momentánea que le proporcionaba el consumo ocultaba un malestar profundo que no supo identificar ni pedir ayuda. Finalmente, el apoyo familiar y el tratamiento especializado le permitieron iniciar un proceso de recuperación.
El caso subraya la importancia de la detección temprana, el acompañamiento familiar y la intervención profesional para evitar que estos trastornos se cronifiquen y generen consecuencias más graves en la vida adulta.
