La sexualidad forma parte del desarrollo integral de niñas, niños y adolescentes desde las primeras etapas de la vida. Durante la infancia, las y los menores comienzan a experimentar sensaciones corporales, expresiones de afecto y curiosidad sobre el cuerpo humano, mientras observan conductas y actitudes de las personas adultas que, en muchas ocasiones, intentan imitar como parte de su aprendizaje social y emocional.
En la etapa de la prepubertad, las y los adolescentes empiezan a construir su identidad sexual y a obtener información relacionada con la sexualidad a través de la familia, amistades y el entorno escolar. La manera en que las personas adultas abordan estos temas influye directamente en su percepción. Cuando la sexualidad se trata con miedo, rechazo o desinformación, pueden desarrollarse sentimientos de culpa, vergüenza o inseguridad respecto al propio cuerpo y las emociones.
Durante la primera etapa de la adolescencia es común la aparición de fantasías sexuales y la masturbación, situaciones normales dentro del desarrollo humano. En esta etapa también pueden surgir dudas relacionadas con la orientación sexual, acompañadas de ansiedad o temor debido a prejuicios sociales o falta de información adecuada. Más adelante, en la adolescencia media y tardía, suelen presentarse las primeras relaciones afectivas y contactos físicos como besos y caricias, así como el inicio de relaciones sexuales.
La sexualidad en la adolescencia también implica desafíos importantes. Mantener relaciones sexuales sin protección puede derivar en riesgos como enfermedades de transmisión sexual (ETS), entre ellas VIH, sífilis, gonorrea o clamidia, además de embarazos no planeados. La falta de educación sexual integral y el acceso limitado a métodos anticonceptivos son factores que aumentan estas problemáticas.
Entre los métodos anticonceptivos más utilizados por las y los jóvenes destacan el preservativo y las píldoras anticonceptivas; sin embargo, muchas personas adolescentes no cuentan con información suficiente para utilizarlos correctamente o simplemente no tienen acceso a ellos. Esto incrementa la posibilidad de embarazos tempranos, los cuales representan riesgos físicos, emocionales y sociales, especialmente en adolescentes menores de 19 años.
Otro aspecto relevante es la prevención. Aunque la abstinencia es considerada un método efectivo para evitar embarazos y ETS, también es importante promover una educación sexual basada en información científica, respeto, responsabilidad y derechos humanos. Las y los adolescentes tienen derecho a recibir información veraz y actualizada sobre sexualidad, a decidir libremente sobre su cuerpo, a vivir sin discriminación y a acceder a servicios de salud sexual y reproductiva.
Hablar de sexualidad de forma abierta, responsable y sin prejuicios permite construir entornos más seguros y saludables para las juventudes. La educación sexual integral no solo ayuda a prevenir riesgos, sino que también fortalece la autoestima, el respeto, la igualdad y la toma de decisiones informadas en cada etapa del desarrollo.
