“Perdí mi identidad por salvar a otros”: el testimonio de quienes viven atrapados en la codependencia

Imagen generada con: Gemini (2026).

“Perdí mi identidad por salvar a otros”: el testimonio de quienes viven atrapados en la codependencia
Imagen generada con: Gemini (2026).

“Un día tu autoestima desaparece… y dejas de ser quien eras”. Así describe E., una mujer de 50 años, lo que significa vivir en codependencia. Durante décadas, su vida giró en torno a los demás: cuidar, controlar, agradar y sostener a personas con problemas de adicción, mientras ella misma se desdibujaba por completo.

“Pensaba que amar era eso: darlo todo, aguantar todo. Pero en realidad me estaba abandonando”, confiesa. Su historia no es única. Detrás de muchas personas con adicciones, existe alguien que también sufre en silencio: quien intenta salvarlas a toda costa.

E. explica que la codependencia no es solo necesitar a alguien, sino dejar de existir como individuo. “Pierdes tu identidad. Yo ya no sabía qué me gustaba, qué quería, ni siquiera qué comida prefería. Vivía en función de otros”, recuerda. En su caso, la relación con su pareja —un hombre en recuperación— y su historia familiar marcaron profundamente ese patrón.

Durante años, asumió como propios los problemas de los demás, convencida de que su papel era resolverlos. “Sentía que si no lo hacía, todo se iba a derrumbar. Vivía en alerta constante, como si mi valor dependiera de cuánto podía ayudar”, relata.

Otra mujer, B., también comparte su experiencia tras más de 40 años repitiendo el mismo tipo de relaciones. “Me di cuenta de que siempre atraía a personas que necesitaban ser salvadas. Era mi forma de sentirme útil, de sentirme suficiente”, explica. Sin embargo, reconoce que ese patrón terminó afectando su bienestar emocional. “Mis relaciones no eran sanas. Me estaban dañando, pero no sabía cómo salir de ahí”.

Ambas coinciden en que el punto de quiebre llegó cuando entendieron que no podían seguir viviendo en función de otros. “Lo más difícil fue aceptar que no puedo salvar a nadie. Que cada quien tiene su propio proceso”, afirma E.

El cambio comenzó con la ayuda de grupos como Codependientes Anónimos (CoDa) y la lectura de libros especializados en el tema. A través de este proceso, aprendieron algo que nunca les enseñaron: priorizarse. “Empecé a preguntarme qué quería yo. Parece algo simple, pero para mí fue revolucionario”, dice E.

Aun así, reconocen que la recuperación no es lineal. “Sigo fallando, sigo cayendo en viejos patrones, pero ahora lo identifico y vuelvo a empezar”, comparte. Para ellas, el verdadero avance no está en la perfección, sino en la conciencia.

Hoy, ambas trabajan en reconstruir su identidad y su autoestima. “Ahora intento vivir desde un lugar diferente. Ya no desde la necesidad de salvar, sino desde el respeto hacia mí misma”, concluye B.

Sus testimonios reflejan una realidad poco visible: la de quienes, por amor o miedo, terminan perdiéndose en la vida de otros. Pero también muestran que es posible salir de ese ciclo y comenzar a vivir, por primera vez, para uno mismo.