Un hombre despertó después de cuatro días en un hospital distinto, conectado a múltiples tubos y a un respirador que mantenía sus pulmones funcionando artificialmente. Su sangre circulaba a través de una máquina que la oxigenaba y eliminaba el dióxido de carbono, debido a que sus pulmones habían dejado de funcionar por completo.
Durante mucho tiempo, el vapeo formó parte de su rutina diaria. Al ser inodoro y fácil de ocultar, consumía constantemente grandes cantidades de sustancias, incluyendo THC, sin ser plenamente consciente del daño que estaba causando a su cuerpo. Con el paso del tiempo, esta práctica lo llevó a una condición crítica que puso en riesgo su vida.
Tras sobrevivir a esta experiencia, decidió compartir su historia como una advertencia. Su objetivo es crear conciencia sobre los peligros reales del vapeo, especialmente entre quienes creen que es una alternativa segura. Este caso evidencia que, lejos de ser inofensivo, el uso de cigarrillos electrónicos puede tener consecuencias graves e incluso mortales.
