“Durante mucho tiempo pensé que la mejor forma de proteger a mi hijo en internet era limitarle el acceso o quitarle el celular. Sin embargo, eso solo generaba discusiones y más curiosidad por usarlo a escondidas. Cuando empecé a informarme sobre los riesgos digitales y a hablar abiertamente con él, entendí que la prevención no es prohibición, sino acompañamiento.
Hoy procuramos establecer horarios claros, conversar sobre lo que ve en redes sociales y enseñarle a cuestionar la información que consume. También en la escuela he visto cómo el trabajo conjunto entre docentes y familias ayuda a que los estudiantes desarrollen pensamiento crítico y mayor confianza para hablar sobre situaciones incómodas en línea. Acompañarlos en su mundo digital ha fortalecido nuestra relación y les ha dado herramientas para navegar internet de forma más segura.”
