Soy adicta a comer papel y el rollo de papel de váter es mi obsesión

Imagen de ChatGPT (2022)

Soy adicta a comer papel y el rollo de papel de váter es mi obsesión
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Desde pequeña come papel, pero no recuerda “ni cuándo ni cómo ni por qué empezó”. Es su peculiar manía, una adicción que aunque ha aprendido a llevar con discreción, todavía la acompaña en su edad adulta. “No sé por qué lo hago, es algo impulsivo, no es racional”, reconoce mientras se deshace de los pequeños trozos de papel masticado antes de que su instinto le lleve a tragárselos.  

Su ansia devoradora de papel—hace algunos años solía tragarse el papel en lugar de escupirlo— la acompañó hasta la primaria y luego disminuyó pregresivamente. “En el instituto ya no era algo que hiciera con demasiada frecuencia”, matiza. De hecho, tiene pocos recuerdos de cómo eran los años en los que comía más papel en su infancia, pero sus padres sí que tienen una vívida memoria sobre ello. “Según mi madre, estaba por todos lados comiendo papel. Mi padre dice que lo hacía a escondidas porque ya me lo habían prohibido y no quería que me vieran. Muchas veces en la sillita del coche, mientras conducían, iba sacándome papeles de los bolsillos y me los comía, porque estaban mirando la carretera y no me prestaban atención”.

Una de las anécdotas que mejor recuerda es que fue al médico y le dijo que, si tenía que hacerlo, no comiese papel de periódico, que tiene tinta, sino papel higiénico y de cocina, que eran menos tóxicos. Galván trataría el caso de alguien con foliofagia de forma diferente: “debemos extinguir la acción de comer papel por medio de refuerzos y castigos, junto con el control de estímulos. La terapia cognitivo conductual ha demostrado que tiene total eficacia en este tipo de trastornos”.

A través de esta terapia, intentaría erradicar esta conducta, que como recuerda el psicólogo, “se trata de una de las adicciones más extrañas que nos podemos encontrar”. Es tan extraña porque el papel, al fin y al cabo, es papel, no es una droga que pueda tener sustancias adictivas, o chucherías, pornografía, videojuegos u otros productos que producen placer. Así pues, surge por “diversas causas” desencadenadas por “una conducta aprendida que ha sido reforzada por el ambiente”. Por ejemplo, “por sufrir estrés, miedo, abuso o trauma”. También se puede dar por “retrasos madurativos o trastornos como puede ser la esquizofrenia, trastorno obsesivo compulsivo o autismo”.