La violencia y su impacto adictivo en el cerebro

Imagen generada por IA (Grok, 2026).

Fuente original: https://www.generacionuniversitaria.com.mx/campus/la-violencia-puede-ser-adictiva-para-el-cerebro/
La violencia y su impacto adictivo en el cerebro
Imagen generada por IA (Grok, 2026).

Según un experto de la UNAM, la violencia que se vive en la sociedad no tiene una sola causa, sino que surge de la combinación de factores biológicos, psicológicos y sociales. Uno de los aspectos más preocupantes es que el cerebro puede volverse “adicto” a la violencia, especialmente cuando una persona percibe que obtiene algún tipo de beneficio al ejercerla, lo que refuerza este comportamiento y lo convierte en un patrón repetitivo.

La normalización de la violencia desde edades tempranas es otro factor clave. Muchas personas crecen en entornos donde no se identifican actitudes agresivas en el lenguaje, la conducta o las relaciones, lo que provoca que estos comportamientos se repitan y se transmitan entre generaciones. Además, cuando alguien observa que otros obtienen ventajas mediante la violencia, es más probable que imite esas conductas.

En cuanto al cerebro, se explica que este es una herramienta extremadamente poderosa pero también vulnerable. Se estima que toma alrededor de 2,160 decisiones al día, y una de sus partes más importantes es la corteza prefrontal, encargada de regular el pensamiento racional, el autocontrol y la toma de decisiones. Esta zona es clave para inhibir conductas violentas; sin embargo, puede verse afectada por emociones intensas como el miedo y la culpa. Cuando esto ocurre, la capacidad de controlar impulsos disminuye, lo que puede facilitar comportamientos agresivos e incluso extremos.

Además, durante un conflicto, el cerebro puede generar la sensación de que se obtendrá una recompensa al “ganar” la confrontación, lo que refuerza la conducta violenta. También tiende a adoptar posturas rígidas, donde la persona cree tener la razón absoluta, lo que intensifica el conflicto. Otro factor relevante es la alexitimia, una condición que impide reconocer las propias emociones y las de los demás, dificultando la empatía y aumentando la probabilidad de respuestas violentas.

Finalmente, el especialista señala que la violencia puede prevenirse si se fortalece la salud mental. Reconocer emociones, controlar el estrés y adoptar estrategias como la respiración profunda o la expresión emocional son fundamentales. Entender que el enojo es una emoción natural, pero que no debe traducirse en violencia, es clave para romper estos patrones.