Gipuzkoa lidera la caída del consumo de tabaco y marca mínimos históricos

Gipuzkoa lidera la caída del consumo de tabaco y marca mínimos históricos

Iker Martínez vive en Basauri y lleva la mitad de sus 36 años encendiéndose un pitillo después del desayuno. «El primero fue con cinco amigos cuando iba al instituto», recuerda. Ha llegado a consumir más de dos paquetes al día, pero ya no pasa de tres cigarrillos. «Y lo podría dejar, pero...». Dice que el precio de las cajetillas le ha llevado a echar el freno, aunque su reciente paternidad y el cáncer de garganta que le diagnosticaron a su padre, otro fumador de pro, el pasado noviembre pesan especialmente en la decisión. «Cuando ves de cerca lo que puede pasar te acojonas».

Aunque el relato sirve para explicar el auge y la caída que ha vivido el negocio tabaquero durante las últimas décadas, los vendedores resumen de otro modo el delicado momento al que se enfrentan. Curiosamente, todas las fuentes consultadas ponen el mismo ejemplo. «En las bodas antes se regalaba un puro a los invitados; ahora casi nadie lo hace porque la gente ni siquiera sabe a ciencia cierta si puede fumárselo en el restaurante. Un sobrino me llegó a decir hace poco que era una idea de mal gusto... ¡Y eso que nuestro negocio es familiar!», explica Dori García a las puertas de su establecimiento en Bilbao.

«Aunque todo el mundo deje de fumar hoy, seguirá habiendo víctimas durante años»

Quédense con el ejemplo que más les guste, pero lo cierto es que el consumo de cigarrillos se ha desplomado en Euskadi durante la última década. Las ventas han pasado de los 255 millones de cajetillas en 2005, la mayor cifra de la historia, a los 122,8 millones del pasado ejercicio. «Actualmente se fuma un poco menos que en los años 60», resume Dori García. El ranking del desplome vasco lo lidera Gipuzkoa, con una caída del 61% -también era en la que más se consumía de largo gracias a la cantidad de franceses que cruzaban la frontera en busca de productos más baratos-, mientras Bizkaia y Álava se sitúan en torno al 42%.

En busca de las consecuencias de la caída, ¿significa que hay menos fumadores? «Es cierto, el mercado de los cigarrillos ha perdido la mitad de su volumen, pero la cifra de consumidores no ha descendido en la misma medida», explica Juan Páramo, director general de la Asociación Empresarial del Tabaco (Adelta). «Antes un paquete le duraba a la gente un día y ahora una semana». Pese a que las últimas cifras señalan que Euskadi tiene menos fumadores que la media nacional, Osakidetza advierte de que una cuarta parte de los vascos sigue llevándose un pitillo a la boca y que el hábito provoca 2.500 muertes anuales en el territorio. El 12% del total.

El ejemplo del Reino Unido

Sin marcarse objetivos tan ambiciosos como los del Reino Unido, que aspira a que no haya fumadores en las islas para 2050, el Gobierno Vasco avanza en su «cruzada» con pulso firme. Fue el primero en equiparar el bapeo electrónico y los cigarrillos, y desde hace unos meses tiene aprobada una ley de adicciones que impone multas de hasta 6.000 euros a quien encienda, o deje encender, un pitillo en espacios públicos. Y es que atacar el bolsillo se revela como el método más efectivo para frenar el hábito, mucho más que las explícitas advertencias que las tabacaleras están obligadas a imprimir en sus cajetillas. 'Fumar mata'. Según una reciente encuesta de Osatzen, la Sociedad Vasca de Medicina Familiar y Comunitaria, el 50% de los consumidores consideran que una subida de precio del tabaco es el mejor modo de prevenir «sobre todo porque dificultaría el acceso a los adolescentes».

Lo cierto es que el precio del tabaco no ha parado de subir durante los últimos 25 años. En 1990 un paquete costaba una media de 0,61 euros y ahora hay que poner sobre el mostrador 4,37. Aunque las ventas se sitúan en mínimos históricos, el negocio sigue moviendo casi el mismo dinero que siempre. El sector ingresó el último curso 548 millones de euros, solo 7 menos que una década atrás, según los datos del Ministerio de Hacienda. «Pero que nadie mire a los estanqueros ni a las empresas», piden en Adelta: el 80% de lo que cuesta un cigarrillo son impuestos. Es el producto de consumo más gravado de cuantos pueden adquirirse en el mercado.

Precisamente, los vendedores no creen que disparar el coste vaya a acabar con el consumo. «Pero puede acabar arruinando muchos negocios», lamenta Dori García en su estanco familiar. Dice que los impuestos empujan a los fumadores a los cigarrillos de contrabando, que acaparan ya el 12% del mercado. Miles de pitillos que no salen en las estadísticas. La Guardia Civil calcula que la venta ilegal supone cuatro de cada diez cajetillas en ciudades del sur de España, pero Euskadi tampoco se libra: el año pasado se desmanteló en Vitoria la mayor fábrica de producción ilegal del país. Se fabricaban 1,5 millones de cajetillas semanales.

 

 

Fuente - diariovasco.com
               Octavio Igea
              17/08/2016