LA ADICCIÓN AL SEXO
Muchos profanos, y algunos profesionales, parecen tomar a broma cuando se
habla de las adicciones al sexo, asumiendo erróneamente que se trata, simplemente, de comportamientos repetitivos con una alta frecuencia, que dan placer. Si
fuera solo eso, quizá todos debiéramos considerarnos adictos sexuales.
Algunos pensamos, sin embargo, que se puede hablar con propiedad de adicciones sexuales cuando, además de ser un acto repetitivo, reúne otras características:
a) La conducta empieza siendo controlada por reforzadores positivos. El sujeto
se inicia en tal comportamiento porque obtiene una cierta gratificación, un
cierto placer.
b) Termina siendo controlada por reforzadores negativos. Muchos individuos
manifiestan que, una vez que el comportamiento adictivo se ha establecido,
sienten una urgencia por repetirlo en situaciones concretas, experimentando
un notable desagrado que, la mayoría expresa mediante señales diferentes (sequedad de boca, aceleración), desagrado/malestar que no desaparece hasta que no se ha repetido la secuencia, la mayoría de las veces de
una forma un tanto anquilosada, como los eslabones de una cadena que
se siguen de manera inexorable. Implica pérdida de control para el sujeto.
Muchos comentan haber, en algún momento, hecho algo por intentar frenar
la secuencia, sin haberlo conseguido.
c) Se produce un cierto escalamiento en el comportamiento. Lo que fue suficiente
inicialmente, deja de serlo con el tiempo y se buscan estímulos más «intensos».
d) Les lleva a una degradación social en múltiples áreas de su vida. Algunos
pierden importantes puestos de trabajo, rompen matrimonios, corren riesgos de contraer enfermedades, se procuran el rechazo social de su entorno
inmediato, lo cual resienten.
e) La dependencia, como núcleo central. «El proceso esencial es la dependencia
compulsiva de una acción externa para regular un estado interno. Este proceso, una vez iniciado, hace que el inteligente organismo humano elija, de
una manera flexible, entre el curso de varias acciones, o combinación de las
mismas, según la situación…» (Goodman, 1998).
De manera resumida, Goodman, (1993), en un intento por adecuar las características de la definición de la adicción al sexo, a las pautas seguidas en DSM, señala
que podemos hablar de adicción sexual cuando:
a) se da un fracaso recurrente en resistir los impulsos,
b) se experimenta una sensación de tensión en los momentos previos,
c) se da un cierto grado de placer o alivio de la tensión durante la ejecución,
d) existe un sentimiento de pérdida de control,
e) se dan, al menos, cinco de las siguientes características: Preparación esmerada, aumento progresivo de frecuencia, esfuerzos por reducir el comportamiento, duración excesiva, repercusión no deseada en el ámbito laboral,
familiar y social, incremento de la tolerancia, irritabilidad si no se cumple, y
tales «síntomas» persisten durante más de un mes.
Nótese que estas características no difieren, en definitiva, de las características
de otro tipo de adicciones.
La tabla 1 pone de relieve semejanzas y diferencias entre las adicciones sexuales
y otro tipo de adicciones. El lector interesado podría añadir una columna a esta
tabla, que se titulase «amor» y concluir si tal emoción podría, también, calificarse
como adicción.
Kafka y Prentky (1992) distinguen entre adicciones sexuales parafílicas y no
parafílicas, definiendo a estas últimas como: «fantasías sexuales excitantes, impulsos o actividades que, constituyen aspectos socialmente sancionados dentro de la
normativa de excitación sexual. No obstante, estas actividades aumentan en frecuencia o intensidad… de manera que impidan o interfieran de manera significativa
con la capacidad de emprender una actividad sexual con implicación afectiva recíproca», e incluyen entre ellas: a) un patrón repetitivo de conquistas amorosas que
implican a una sucesión de personas, consideradas sólo como objetos de uso; b) la
masturbación compulsiva; c) la promiscuidad egodistónica y, d) la dependencia de
escapes sexuales anónimos (pornografía, llamadas obscenas de teléfono, cibersexo,
etc.). La adicción al sexo parafílica tendría las mismas características en cuanto a
intensidad, intrusividad y frecuencia que las no parafílicas, pero el comportamiento
sexual desarrollado implicaría una o varias parafilias (Cáceres, 2001a).
A pesar de que el concepto de adicción al sexo cuenta con una historia corta y
relativamente escasa aceptación entre los profesionales, hace mucho tiempo que
diversos colectivos pusieron en marcha programas de tratamiento.
Uno de los primeros intentos fue el iniciado por los grupos de Sexoadictos
Anónimos, quienes adaptaron «los 12 pasos» y planteamientos seguidos por los
grupos de Alcohólicos Anónimos al tratamiento del alcoholismo. En nuestro país,
que nosotros sepamos, estos planteamientos sólo se han seguido en el cine («Entre
las piernas» [1998] de Manuel Gómez Pereira.
Farmacológicamente, la fluoxetina, inhibidor selectivo de recaptación de serotonina (una de las marcas comerciales más conocidas es el Prozac), ha sido ampliamente utilizada en estudios de casos, pero no en investigaciones bien controladas,
y su eficacia defendida, al margen de su valor antidepresivo, por su supuesto valor
en el «control de los impulsos» (Kafka, 1991; Kafka y Prentky, 1992).
Nosotros hemos propuesto en otra parte (Cáceres, 2001), un plan de tratamiento comprehensivo, con diversos subprogramas destinados a:
1) Potenciar el desarrollo de vinculadores positivos (habilidades sociales,
enriquecimiento de la vida en pareja, solución de disfunciones sexuales,
potenciación de excitación sexual ante situaciones variadas y estímulos
«normales», potenciación de fantasías no parafílicas, recondicionamiento
masturbatorio).
2) Modificar aspectos cognivos (reconocimiento y corrección de distorsiones
cognitivas, entrenamiento en empatía).
3) Deserotización de estímulos parafílicos (modificación de la secuencia de
automatismo parafílicos, potenciando autocontrol ante estímulos parafílicos,
técnicas aversivas)