Éxtasis (MDMA) y drogas de diseño: estructura, farmacología, mecanismos de acción y efectos en el ser humano

Éxtasis (MDMA) y drogas de diseño: estructura, farmacología, mecanismos de acción y efectos en el ser humano

Estructura química

El término drogas de diseño se ha traducido directamente del inglés designer drugs y fue introducido en la década de los sesenta por Gary Henderson, un farmacéutico de la Universidad de California. Ideó este término para denominar a sustancias de origen sintético con una estructura química y unas propiedades farmacológicas similares a otras ya existentes (drogas ilegales de amplio consumo), pero que al ser novedades químicas no estaban sometidas a regulaciones legales. El grupo de más reciente aparición y a la vez más estudiado está constituido por los derivados metilenodioxi- de anfetamina y metanfetamina. Un compuesto muy conocido y probablemente el de consumo más extendido es la 3,4-metilenodioximetanfetamina (MDMA) conocido popularmente como éxtasis. No se conocen ni el nombre del químico ni la fecha en la que se sintetizó. El primer documento público referente a la preparación y propiedades de esta droga corresponde a una patente alemana solicitada por la firma E. Merck en 1912 y concedida en 1914 con el propósito de utilizarla como supresor del apetito, aunque nunca se utilizó como anorexígeno. En los primeros años de la década de los cincuenta se realizaron diversos estudios toxicológicos en animales de experimentación, y a partir de la década de los ochenta llegó a ser una droga recreativa muy popular, especialmente entre los estudiantes universitarios americanos se la conocía con una gran variedad de nombres: XTC, Adam, MDMA, M & M entre otros. Simultáneamente, en la década de los ochenta la MDMA se utilizó en pequeñas dosis como coadyuvante de la psicoterapia debido a su capacidad para facilitar la comunicación entre el médico terapeuta y el paciente. La distribución en Europa comenzó poco después y el consumo en España adquirió cotas importantes a principio de la década de los noventa.

Otra droga de diseño contemporánea de la MDMA, pero menos utilizada, es la 3,4-metilenodioxianfetamina (MDA), conocida como «píldora del amor»; estructuralmente difiere de la MDMA en que carece de un grupo metilo. Se sintetizó por primera vez en 1910, sin embargo, los primeros estudios farmacológicos no se realizaron hasta 1939. La MDA se patentó en 1940 como antitusígeno y a principios de los años sesenta como anorexígeno. Sin embargo, nunca llegó a estar disponible comercialmente en el mercado farmacéutico. Alrededor de 1970 comenzó a extenderse su consumo y empezaron a aparecer los primeros casos de muerte en California y Canadá. En 1985, la Drug Enforcement Administration (DEA) restringió drásticamente su uso situando a la MDMA y derivados en la Lista I del Convenio de Sustancias Psicotrópicas bajo control internacional.

Neurotoxicidad de la MDMA

El consumo humano de este compuesto es preocupante debido a que estudios procedentes de diversos laboratorios han demostrado que la MDMA, al igual que otros derivados anfetamínicos como metanfetamina o fenfluramina, es tóxica para el sistema nervioso central (SNC) de diversas especies animales. Se ha comprobado que produce una degeneración selectiva de terminales nerviosos serotonérgicos en el cerebro de la rata y del primate tras la administración única o múltiple de dosis que no están alejadas de las que habitualmente consume el ser humano.

Farmacocinética

La MDMA se absorbe muy bien desde el tracto gastrointestinal y atraviesa rápidamente la barrera hematoencefálica. El metabolismo de la MDMA ha sido extensamente estudiado sobre todo en la rata y se han encontrado numerosos metabolitos de la droga, algunos de ellos carecen de actividad y otros poseen un perfil neurotóxico distinto al del compuesto original. La MDMA se metaboliza en el hígado y presenta metabolismo de saturación.

Acciones farmacológicas inmediatas

Efectos fisiológicos

Los principales efectos fisiológicos agudos que se observan en los individuos tras la ingestión de MDMA son: incremento de la presión sanguínea y de la frecuencia cardíaca, náuseas, escalofríos, sudoración, sequedad de boca, hipertermia, temblor, trismo (aumento de la tensión mandibular), bruxismo (castañeteo de dientes), hiperreflexia, aumento de la micción, tensión o dolor muscular, sofocos, nistagmo, insomnio e incremento de las concentraciones plasmáticas de prolactina y cortisol. En ensayos clínicos controlados, citalopram, un inhibidor selectivo del sistema transportador de serotonina, cuando se coadministra con MDMA, atenúa el efecto de la droga sobre la presión sanguínea y la frecuencia cardíaca, pero no la hipertermia. Estos datos indican que algunos de los efectos producidos por la droga podrían estar relacionados con un incremento en la liberación de serotonina cerebral de manera similar a lo que ocurre en los animales de experimentación.

La hipertermia es uno de los principales síntomas de la toxicidad aguda inducida por MDMA y la causa de la mayor parte de las muertes que se atribuyen a la droga. Se han detectado temperaturas corporales de hasta 43 ºC. Este efecto, a su vez, conduce a otros problemas toxicológicos que pueden poner en serio peligro la vida del individuo. Aparece rabdomiólisis, coagulación intravascular diseminada (que provoca hemorragias generalizadas y necrosis hística) y fallo renal agudo. Además, tras la ingestión de MDMA pueden ocurrir efectos neurológicos potencialmente fatales tales como hemorragia subaracnoidea, hemorragia intracraneal o infarto cerebral y trombosis de los senos venosos cerebrales. Estas complicaciones pueden ser consecuencia de una hipertensión a corto plazo, angiitis cerebral o deshidratación. También se ha descrito necrosis hepática o del tejido cardíaco en el examen post mortem de individuos cuya muerte estaba asociada al uso de derivados anfetamínicos.

Efectos psicológicos

La MDMA origina una serie de síntomas y sensaciones subjetivas, las más frecuentes de las cuales son las siguientes: aumenta la empatía, produce apertura emocional, reduce los pensamientos negativos, disminuye las inhibiciones, incrementa la actividad psicomotora, produce logorrea, facilita la comunicación, produce insomnio y aumenta el estado de alerta. Los sonidos y los colores aparecen más intensos. Estos efectos aparecen en los primeros 20-60 minutos tras la ingestión de una dosis única de éxtasis, alcanzan el pico entre 60-90 minutos y se mantienen durante 3-5 horas. También se han descrito efectos adversos como depresión, irritabilidad, ataques de pánico, alucinaciones visuales e ideas paranoides. Los ataques de pánico son de duración corta y generalmente no recurren cuando la MDMA es ingerida en ocasiones sucesivas, por el contrario, las alucinaciones visuales y las ideas paranoides pueden persistir durante días o semanas. El pretratamiento con citalopram inhibe la mayoría de los efectos psicológicos de la MDMA, indicando que estos efectos pueden implicar una acción sobre el sistema transportador de serotonina. Estos datos concuerdan con la observación de que el tratamiento crónico con citalopram y paroxetina previene la aparición del estado de euforia que induce la MDMA. Los individuos que han usado la MDMA más de una vez afirman que la primera experiencia (viaje) es la más intensa y que los viajes posteriores no es que fueran más débiles, pero la naturaleza de las sensaciones inducidas por la droga era ya conocida y esperada. Los policonsumidores muestran unos sentimientos más profundos de júbilo, placer y serenidad emocional cuando están bajo la influencia de la MDMA que cuando ingieren anfetamina o dietilamida de ácido lisérgico (LSD), sin embargo, no hay diferencia entre MDMA y anfetamina en lo que concierne a los sentimientos de mayor energía y confianza en uno mismo.
 

Acciones farmacológicas a largo plazo

Cambios bioquímicos cerebrales

Mediante la técnica de tomografía por emisión de positrones (PET) varios grupos de investigación han observado que los consumidores de MDMA muestran una disminución en la densidad del transportador de serotonina cerebral 3 semanas o más después de suprimido el consumo. Esta reducción se correlaciona con la duración del consumo y es más pronunciado en las mujeres. Este sistema de transporte de serotonina se encuentra en el terminal de la neurona serotonérgica y su disminución es indicativa de la pérdida o destrucción del terminal.

Además, en los individuos abstinentes de MDMA se ha observado un incremento en la densidad de receptores 5-HT2A postsinápticos debido probablemente a una marcada reducción del contenido de serotonina cerebral inducido por la MDMA.

Unos pocos trabajos recientes han estudiado también el estado de la función dopaminérgica, no encontrando cambios en las neuronas dopaminérgicas estriatales. Tampoco se han observado diferencias significativas en la concentración de los metabolitos de la dopamina en el líquido cefalorraquídeo de los consumidores varones de MDMA en comparación con sujetos controles (las mujeres parecen mostrar una ligera reducción en la concentración de ácido homovanílico). Sin embargo, aquellos individuos que consumen anfetamina en combinación con MDMA muestran una pronunciada disminución en la densidad de neuronas dopaminérgicas y serotonérgicas.

Cambios en la función serotonérgica

En condiciones fisiológicas la infusión intravenosa del precursor de serotonina, L-triptófano, conduce a un incremento en la concentración plasmática de prolactina que está mediado por un aumento en la síntesis y liberación de serotonina. Esta respuesta no se produce en los consumidores habituales de MDMA ni siquiera a las 3 semanas de suprimido el consumo, e incluso permanece reducida un año después. Estos resultados sugieren la presencia de una alteración prolongada de la función serotonérgica cerebral en los consumidores de MDMA. Estos individuos muestran una disminución de los niveles del ácido 5-hidroxi-indol acético en el líquido cefalorraquídeo en comparación con sujetos controles. Esta reducción es más pronunciada en mujeres (46%) que en hombres (20%). Existe una correlación negativa entre los niveles de ácido 5-hidroxi-indol acético en líquido cefalorraquídeo y el consumo de MDMA, de tal manera que al aumentar la dosis de MDMA la disminución en los niveles del metabolito de la serotonina es cada vez más pronunciada.

En conjunto, cada vez es más numerosa la evidencia científica que sugiere que los consumidores habituales de MDMA son susceptibles a los efectos que la droga produce sobre las neuronas serotonérgicas cerebrales de los animales de experimentación y, en consecuencia, manifiestan diversas alteraciones psicopatológicas relacionadas con el daño neuronal.