La adicción a los videojuegos en línea y al teléfono móvil se ha convertido en un fenómeno creciente, especialmente entre adolescentes. Más allá del impacto en el rendimiento académico y las relaciones sociales, diversos especialistas alertan sobre su relación con problemas de salud mental como la depresión e incluso conductas suicidas en casos extremos.
Videojuegos como Fortnite, League of Legends y World of Warcraft han evolucionado hacia plataformas altamente inmersivas que ofrecen recompensas constantes, interacción social y mundos virtuales donde los jóvenes pueden evadirse de la realidad. La industria del videojuego, que superó los 159 mil millones de dólares en 2020, emplea estrategias psicológicas basadas en sistemas de recompensa que favorecen la permanencia prolongada en el juego.
La Organización Mundial de la Salud estima que alrededor del 4 % de los adolescentes en el mundo presentan trastornos relacionados con el juego, cifra que se ha duplicado en la última década. Especialistas como el psiquiatra José Miguel Gómez advierten que el uso problemático puede generar aislamiento social y cambios en la estructura y funcionamiento cerebral.
Por su parte, el terapeuta Mariano Moreno señala que, además de las adicciones a sustancias como el alcohol o la nicotina, actualmente han aumentado las llamadas adicciones comportamentales, vinculadas a redes sociales y videojuegos, impulsadas por el avance tecnológico.
En conclusión, el uso excesivo de videojuegos y dispositivos móviles no debe minimizarse. Identificar señales de alerta y promover un equilibrio entre el mundo digital y la vida real es clave para proteger la salud mental de los adolescentes.