“Crecí conectada… y no supe cuándo perdí el control”
Freepik (2026).
Comencé a usar YouTube cuando tenía apenas seis años. Era entretenimiento, algo normal para mi edad. A los 11 abrí mi cuenta en Instagram, propiedad de Meta, y poco después me sumé a otras plataformas. Lo que empezó como diversión se convirtió en algo que sentía que no podía dejar. Pasaba horas conectada. Mi estado de ánimo dependía de los ‘likes’, de los comentarios y de lo que veía en mi pantalla. Con el tiempo, comencé a compararme constantemente, especialmente con los filtros y estándares de belleza que circulaban. Mi autoestima se fue debilitando y mi salud mental también.
Hoy, con 20 años, miro hacia atrás y me doy cuenta de que no tenía la madurez para entender lo que estaba viviendo. No sé si fue "adicción" o un uso "problemático’, como han dicho, pero sí sé que hubo un impacto real en mi bienestar emocional.
Mi intención al hablar no es culpar sin más, sino abrir la conversación sobre cómo estas plataformas influyen en los menores. Creo que es necesario que las empresas asuman mayor responsabilidad y que se establezcan límites más claros para proteger a quienes, como yo, crecimos en un entorno completamente digital.”
|