Escucharme también es cuidarme
“Cuando experimenté la llamada al vacío por primera vez me sentí confundida e inquieta, como si algo no estuviera bien. Fue un pensamiento breve, pero lo suficiente para hacerme cuestionar lo que sentía. Al entender que la llamada al vacío es una señal de alerta que aparece cuando el cuerpo percibe peligro, sentí alivio. Comprenderlo me ayudó a escucharme con más calma y a prestar atención a lo que necesitaba en ese momento. Tratarlo, ponerlo en palabras y darme espacio para entender mis emociones me permitió recuperar la tranquilidad y confiar en mí. Hoy sé que atender estas señales es una forma de cuidado personal.”
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