“La música me gustaba, pero la realidad era otra”
"Crecí escuchando corridos porque en mi casa y en mi colonia siempre estaban sonando. Con el tiempo empezaron a gustarme más los corridos tumbados, esos que hablan de carros, dinero, armas y respeto. La neta, se escuchaban bien y todos mis amigos los traían en el celular. Era como parte del ambiente.Al principio uno no piensa mucho en la letra, pero sí se te van quedando las ideas. Escuchas historias de gente que empezó sin nada y ahora tiene todo: ropa de marca, camionetas, poder. Cuando en tu casa falta dinero, cuando ves que tus papás batallan para pagar la renta, esas historias se sienten como una salida rápida.
En mi barrio varios chavos dejaron la escuela. Algunos empezaron a juntarse con gente que andaba en cosas raras. Decían que solo eran ‘mandados’, que era fácil y que pagaban bien. Y muchas veces la música era como el fondo de todo eso. Se sentía normal hablar de armas o de jefes como si fueran celebridades.
Pero también vi la otra cara. Un amigo se metió y al poco tiempo ya no podía salirse. Vivía con miedo, ya no salía igual, desconfiaba de todos. Otro ya ni está. Ahí entendí que las canciones cuentan una parte de la historia, la del dinero y la fama, pero no cuentan el miedo de la familia, la cárcel o la muerte.
No digo que la música tenga toda la culpa, porque al final uno decide. Pero sí influye, sobre todo cuando eres joven y no ves muchas oportunidades. Si además creces en un lugar donde el narco se ve como algo normal o cercano, es más fácil creerte ese cuento.
Ahora sigo escuchando música, pero ya la veo diferente. Entendí que la vida real no es como en los corridos. Lo que suena como éxito en una canción, en la vida puede ser una condena."
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