El espejo nunca mentía… yo sí me exigía de más
“Durante mucho tiempo pensé que entrenar más era la solución. Aunque todos me decían que me veía fuerte, yo solo veía defectos. El gimnasio empezó a ocuparlo todo: dejé de salir con amigos, vivía comparándome y me castigaba mentalmente cada vez que sentía que no era suficiente. La vigorexia no solo afectó mi cuerpo, también mi autoestima y mis relaciones. Hoy sigo entrenando, pero aprendí que la salud no está en verse perfecto, sino en dejar de odiar lo que ves en el espejo.”
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