“La droga que me devoró por dentro"
Crédito: Freepik
“Empecé con la Krokodil porque la heroína se había vuelto impagable y difícil de conseguir en mi ciudad. Un amigo me dijo que costaba menos de una décima parte. Al principio me daba ‘una subida’ rápida, pero al par de semanas noté que me ardía el brazo donde pinchaba. Se me hinchó, la piel se puso verde-amarilla, escamosa, como la de un cocodrilo. Tenía agujeros pequeños que se convertían en llagas profundas… Empecé a vomitar sin razón; me dolía el hígado, los pulmones se me llenaban de agua. En seis meses, apenas podía caminar sin cojear, mis venas estaban destrozadas. Sabía que me estaba destruyendo, pero no podía parar.”
|