
07 de abril del 2023
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El 80 % de las personas que hacen compras compulsivas son mujeres. El perfil es difícil; la compradora compulsiva actúa en solitario, y su comportamiento exterior revela las tormentas de su mundo interior, como la incapacidad para gestionar sus emociones; su condición la intranquiliza, le impide adaptarse al entorno, estar con los demás, y la empuja a no respetar las reglas y las conductas ajenas. Se siente aburrida, insatisfecha. Detrás de estas sensaciones aparece el autoengaño. Deja de ser ella. La acosan pensamientos intrusivos, involuntarios. Una obsesión la enajena: piensa que, para subirse el ánimo, le vendría bien salir a comprar, por ejemplo, unos aretes. Por lo tanto escapa, evita sus propias tempestades y se va al supermercado o al centro comercial.
En el camino siente una animosidad juguetona parecida a la felicidad. No hay consideración ética o racional que valga en ese momento. Al llegar a la tienda los vendedores la reciben con palabras amables, lo que en no pocos casos restaña la alicaída autoestima. La curva de la tensión está en lo más alto, y comienza el frenesí, la euforia en algunos casos, de la compra de productos que no necesita o que nunca va a utilizar. Por esto último, muchas compradoras compulsivas también son acumuladoras compulsivas. No importa que no necesite el objeto o no lo vaya a usar: lo que importa es el placer inmediato que le da obtener el bien.
Una gratificación la recorre de pies a cabeza. Que no es económica, sino psicológica. Algunas, para aumentar el placer, buscan ser vistas en lugares públicos y reconocidas por amigos, compañeros de trabajo o estudio, o por familiares; buscan lucir siempre ropa nueva y de marca, adornos vistosos, maquillaje ostentoso o zapatos de lujo. Los compradores compulsivos varones no escapan a ese impulso de mostrarse o mostrar sus bienes: compran carros, herramientas, dispositivos electrónicos de última generación, cachivaches para el hogar, o para el asado. También resultan, en su mayoría, inútiles. Cuando llegan los estados de cuenta de las tarjetas, algunos compradores y compradoras sufren depresión. Hay casos graves marcados por intentos de suicidio
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