
14 de junio del 2021
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Parece contradictorio y es paradójico que, si bien la ortorexia nerviosa está provocada por un fuerte impulso por lograr una buena salud a través de una alimentación "limpia", puede conllevar problemas nutricionales como desnutrición, aislamiento y problemas sociales y psicológicos.
Con la ortorexia nerviosa, que cada vez es más común, como indica la Federación Española de la Nutrición (FEN), el problema gira en torno a la calidad de la comida, no de la cantidad. La obsesión se produce hacia la comida biológicamente ecológica, pura, sin transgénicos ni pesticidas, etc.
Y se rechaza los "insalubres", "impuros" como el azúcar, los productos lácteos o la carne. Estas decisiones suelen tomarse sin una razón médica detrás ni una explicación científica válida.
El problema es que la persona ortoréxica no suele sustituir los alimentos que rechaza por otros similares des del punto de vista nutricional.
La ortorexia nerviosa no figura en el Manual de diagnóstico y estadístico de la Asociación Estadounidense de Psiquiatría (DSM-5), que los psicólogos y psiquiatras usan para diagnosticar trastornos mentales. El manual sí enumera, en cambio, la anorexia nerviosa, la bulimia, el trastorno por atracón y otros trastornos alimentarios.
La ortorexia nerviosa implica, en la mayoría de los casos, seguir un ritual rígido alrededor de la preparación y la ingesta de alimentos. Bajo esta conducta, la persona evita de manera estricta todos los alimentos que se consideran "no limpios" y "no sanos".
Hay varios criterios propuestos para diagnosticar la ortorexia nerviosa.
1. Cuando la obsesión por comer "alimentos saludables" se enfoca en preocupaciones sobre la calidad y la composición de las comidas y se siguen dos o más de los siguientes aspectos:
2. Cuando la obsesión se ve afectada por:
Investigadores italianos desarrollaron el cuestionario ORTO-15, según el cual una puntuación por encima de 40 indica ortorexia nerviosa y una tendencia a conductas alimentarias patológicas y rasgos de personalidad obsesivo-fóbicos.
Todo gira alrededor de la comida. Obsesionarse con cada ingrediente de la dieta, restringir algunos alimentos y tratar de comer lo "perfecto" tiene consecuencias nutricionales y psicológicas. Entre las primeras, destacamos hipovitaminosis o anemia.
Prescindir de alimentos como la carne, los huevos y otros alimentos necesarios para el organismo y no sustituirlos por otros similares pasa factura a la salud. La supresión de grasas puede comprometer la ingesta de vitaminas liposolublesy ácidos grasos. Suprimir la carne lleva a un descenso de los niveles de hierro.
También suele evitarse el calentamiento de los alimentos por encima de los 45ºC por considerarlo insano. Esto hace que todas las enzimas vivas de los alimentos permanezcan intactas y no se eliminen, con la cocción, posibles patógenos.
Desde el punto de vista psicológico, la fijación dietética puede llevar a síntomas de depresión o ansiedad. En algunos casos, la preocupación por la alimentación saludable comparte similitudes con el trastorno obsesivo compulsivo (TOC). Es necesario que lo aborde un especialista que ayude a eliminar todas las conductas obsesivas que se han adoptado.
La ortorexia, a diferencia de trastornos alimentarios como la anorexia o la bulimia, es difícil de diagnosticar porque en la mayoría de los casos suele estar enmascarada bajo la idea de una vida saludable.
La barrera entre una alimentación saludable y la ortorexia nerviosa se sitúa cuando la afección causa angustia o consecuencias negativas en la vida de la persona. La recuperación física suele ser la más rápida. La psicológica es un proceso más lento porque obliga a eliminar de los hábitos cualquier conducta adquirida a lo largo de los años.
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