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  • Rumiar pensamientos: camino directo a la ansiedad y depresión

13 de mayo del 2021

Crédito: freepik royalty free 2020

El trastorno de rumiación se llama así, según explica Grande, porque quienes lo sufren “hacen como las ovejas: darse una especie de atracón y después regurgitar”. En este caso, el individuo regurgita (según la definición de la Real Academia Española, expeler por la boca, sin esfuerzo o sacudida de vómito, sustancias sólidas o líquidas contenidas en el esófago o en el estómago) de forma repetida alimentos, que luego puede “volver a masticar, tragar o escupir”, describe Reina, quien recalca que “no se asocia a náuseas, arcadas o disgusto”, sino que, por el contrario, “tiene un sentido gratificante y suele asociarse a otras conductas autoestimulantes, como balanceos o succión de dedos”.

La representante de la SEP indica que esta conducta, que afortunadamente presenta una incidencia y prevalencia muy bajas,  puede dar lugar a “problemas de peso y malnutrición porque no se están absorbiendo los nutrientes”.

Para diagnosticar un trastorno de rumiación es preciso descartar, en primer término, “que no sea debido a problemas gastrointestinales o médicos asociados, como el reflujo gastroesefasico, según Reina.

Generalmente se diagnostica antes del año de vida, es más frecuente en varones y puede estar vinculado con un retraso global del desarrollo. En niños mayores o adultos, el principal factor predisponente es la discapacidad intelectual. Al igual que la pica, “también se relaciona en ocasiones con determinados trastornos mentales, como los trastornos de personalidad”, añade Grande.