
02 de February del 2026
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El estrés escolar es un concepto complejo que se refiere a la reacción física, emocional y psicológica que experimentan niños y adolescentes cuando sienten que las demandas del entorno educativo superan sus recursos para afrontarlas. Aunque el estrés puede ser una respuesta normal y adaptativa, cuando es intenso o prolongado puede afectar negativamente el bienestar, el aprendizaje y la salud mental.
Los estudiantes enfrentan múltiples fuentes de presión: exceso de tareas, evaluaciones, competencia académica, expectativas familiares, relaciones con compañeros y docentes, falta de descanso y cambios en sus rutinas. La manera en que cada alumno interpreta estas situaciones influye directamente en el nivel de estrés que experimenta.
El estrés escolar se manifiesta a través de síntomas físicos (dolores de cabeza, problemas de sueño, fatiga), emocionales (ansiedad, irritabilidad, tristeza), cognitivos (dificultad para concentrarse, fallas en la memoria) y conductuales (aislamiento, bajo rendimiento, ausentismo escolar). Cuando estas señales no se detectan a tiempo, pueden derivar en problemas más graves como ansiedad, depresión, rechazo escolar, consumo de alcohol o drogas e incluso situaciones de acoso escolar.
El estrés pasa por tres etapas: alarma, resistencia y agotamiento. Si el estudiante no logra adaptarse, puede llegar a un estado de desgaste emocional y físico que impacta su vida académica, social y familiar.
Finalmente, se destaca la importancia de la prevención y la intervención temprana. Entre las estrategias recomendadas se encuentran técnicas de relajación, organización del tiempo, fortalecimiento de habilidades emocionales, apoyo familiar y actividades recreativas. En casos más severos, se sugiere la intervención de profesionales de la salud mental para evitar consecuencias a largo plazo.
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