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  • Adicción al tabaco: cómo impacta en la salud mental y las mejores estrategias para dejar de fumar

31 de diciembre del 1969

Todos conocemos las nefastas consecuencias que tiene el tabaquismo en la salud. Según un informe de Red de Hospitales Universitarios de la Universidad de Buenos Aires, “el consumo de tabaco y la exposición al humo son una de las principales causas de cáncer, enfermedades cardiovasculares y respiratorias causando en el mundo más de 8 millones de muertes cada año según la Organización Mundial de la Salud (OMS). De ese total, más de 7 millones se deben al consumo directo y alrededor de 1,2 millones son consecuencia de la exposición de no fumadores al humo ajeno”. En Argentina, mueren unas 45.000 personas por año por enfermedades relacionadas con el tabaco. Esto representa el 14% de todas las muertes en el país. La mitad de las personas fumadoras muere de una enfermedad relacionada al consumo de tabaco y viven en promedio 10-15 años menos que las no fumadoras. Más allá de estas graves consecuencias, se ha demostrado que el tabaco no solo afecta la salud física, sino también la salud mental debido a que contiene nicotina, una sustancia química que genera adicción y dependencia. La adicción a la nicotina La doctora Cecilia De Simone (MN 93554), médica especialista en Psiquiatría, del servicio de Psiquiatría del Hospital Italiano de Buenos Aires, magíster en Prevención y Asistencia de las Drogadependencias e integrante del programa de Control de Tabaco Hospital Italiano, explicó a Infobae que el tabaquismo es una adicción y como tal se caracteriza por la búsqueda y uso compulsivo de una sustancia, que en este caso es la nicotina. “Cuando se fuma tabaco, en cada pitada la nicotina llega en segundos al cerebro generando efectos placenteros a través de la liberación de sustancias llamadas neurotransmisores. Esta rápida llegada al cerebro y el rápido descenso de la nicotina son las características que la hacen fuertemente adictiva, más que otras sustancias como el alcohol, la marihuana o la cocaína”, declaró. Según el Ministerio de Salud de la Nación, la definición de adicción contempla: tolerancia (se debe ir aumentando la dosis para tener el mismo efecto); síndrome de abstinencia (cuando no se consume) y consumo compulsivo, a pesar de conocer las consecuencias negativas que tiene en la salud. El consumo de tabaco genera tres formas de dependencia: Física: provocada por la nicotina, responsable del síndrome de abstinencia. Psicológica: fumar se asocia a diferentes situaciones cotidianas y parece imposible cambiar esta relación. Social: para muchas personas, fumar sigue siendo un imperativo social Por su parte, el doctor Rolando Salinas (MN 72241), jefe de Salud Mental del Hospital Alemán y profesor de Psicología de la Salud en la Universidad Católica Argentina (UCA) expresó a Infobae que el tabaco produce una dependencia física y psicológica: “Las estadísticas hablan de un 20 % de fumadores en la población, el 8% tiene adicción a nicotina, si bien hay muchas otras sustancias implicadas en la adicción, la realidad es que la conducta adictiva supera en mucho lo físico, e infiere fuertemente en hábitos conductuales. Por otro lado, en los últimos años se ha reportado una relación entre el tabaquismo y el deterioro cognitivo, demostrado por estudios de neuroimágenes, en los que se ve un adelgazamiento en la corteza cerebral en los fumadores”. ¿Fumar para relajarse? Paradójicamente, las personas suelen fumar tabaco para reducir la ansiedad, cuando en realidad puede agravarla. Y el porcentaje de fumadores es alto. “De acuerdo a la última Encuesta de Factores de Riesgo realizada en Argentina por el Ministerio de Salud de la Nación el 22,2% de los habitantes de la Argentina mayores de 18 años fuman. Los varones fuman más que las mujeres y el grupo de mayor consumo son los jóvenes de 25 a 34 años”, graficó De Simone. Dijo el doctor Salinas: ”El efecto placentero del tabaco está relacionado con mecanismos neuroquímicos como la liberación de dopamina y la inhibición de una enzima llamada monoaminoxidasa (MAO), y puede ayudar temporalmente a reducir la ansiedad y a mejorar la concentración a corto plazo, pero se cree que el exceso de dopamina en poco tiempo puede producir el efecto contrario. También, a largo plazo habrá una reducción de la capacidad cognitiva, más que un aumento en la capacidad de concentración o memoria. Por supuesto, hay otros elementos conductuales en juego: el proceso adictivo es complejo”. La doctora De Simone señaló: “Existe la creencia de que fumar tabaco genera supuestos ‘efectos ansiolíticos’. Sin embargo, el tabaco no solo no calma la ansiedad sino que el fumar puede desencadenar o agravar trastornos de ansiedad preexistentes como el trastorno por pánico, la agorafobia o el trastorno de ansiedad generalizada. Es frecuente que al dejar de fumar tabaco y, una vez superada la etapa de la abstinencia nicotínica, se produzca una mejoría de los síntomas de ansiedad”. Cómo salir de esta dependencia La doctora De Simone explicó que si bien muchos fumadores, una vez tomada la decisión de dejar de fumar pueden lograrlo sin ayuda profesional, hacerlo en el contexto de un tratamiento facilita el proceso dado que la persona cuenta con más herramientas para sobrellevar la abstinencia. “El uso de medicación para dejar de fumar, en aquellos que fuman más de diez cigarrillos diarios duplica las posibilidades de éxito. Algo a tener en cuenta es que si no se tuvo éxito en el primer intento se tienen más posibilidades de lograrlo en el siguiente ya que se trata de un aprendizaje y en cada intento se está más próximo a la meta”, indicó la especialista.