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Creando estilos de vida sanos

Testimonios de Alcohólicos Anónimos

“¿Quién les dijo que yo quería dejar de beber?”, fueron sus primeras palabras al llegar.

En ese entonces la enfermedad estaba ya muy avanzada, doña Manuelita sufría de lagunas mentales. Sus compañeros de grupo intentaban convencerla de que se quedara para iniciar su rehabilitación.

“Ésta es su casa”, le dijeron, ella de manera agresiva les respondió: “quién se las pidió”.

De un primer brindis a los 28 años de edad pasaron cerca de 35 para que doña Manuela tratara de curar su adicción.

“Era ya una ‘catarrina’ , bebía lo que fuera”. La historia de Manuela es diferente a la de muchos enfermos, ella nunca se quedó a dormir en la calle ni visitó bares de mala muerte, en su casa ella armaba su propia fiesta, subía a todo volumen la música y las quejas de los vecinos no se hicieron esperar, cansados de la situación, los hijos de Manuela la llevaron a Alcohólicos Anónimos.

Hoy al volver la vista atrás, Manuela ha dejado el alcohol, volvió a tener su dignidad como persona, pero sobre todo el cariño de sus hijos, quienes están encantados de haber recuperado a su madre.

El hígado es el órgano más afectado por esta enfermedad. En el país en el año 2000 la cirrosis apareció en cuarto lugar dentro de las diez principales causas de muerte y el primer lugar entre los hombres de 35 a 45 años de edad.

La dignidad perdida
Un buen día la madre de Salomé llegó a preguntarle qué quería de cenar. Pidiera lo que pidiera su deseo sería cumplido. La propuesta sorprendió a la mujer de 33 años, pero gustosa decidió aprovechar el detalle. Salomé no recuerda con exactitud el platillo concedido, lo que sí recuerda como si hubiera sido ayer fue que al terminar de ingerir los alimentos su madre le dijo fríamente:

“Hija, es tu última cena en la casa, toma tus cosas y vete por favor”. El motivo que obligó a los padres a tomar esa decisión fue la manera de beber de Salomé.

Recuerda que su cuarto estaba siempre sucio, pasaba mucho tiempo para que Salomé cambiara las sábanas de su cama, de hecho su aseo personal estaba también en el olvido.

“Pero no sólo bebía alcohol, también probé la mariguana y el opio”.

Salomé tiene la carrera de enfermera. En esos días cuando su problema era cada vez más grave, para poder sostenerse de pie cambiaba el líquido de un refresco de manzana por el de cerveza. En horas de trabajo ella bebía para soportar la rutina del día.

“Sentía mucho miedo que en el hospital me descubrieran, también vergüenza”.

Fuente: https://www.elsiglodetorreon.com.mx/noticia/36569.es-una-cuestion-de-vida-testimonios-de-alcoholicos-anonimos.html