Te hablamos de las adicciones
  • Un programa antidrogas para jóvenes que parece que sí funciona

07 de enero del 2020

La educación sobre las drogas es la única parte del programa de secundaria que recuerdo: tal vez por que resultó contraproducente de manera tan espectacular. Antes de cumplir la edad que hoy en día marca la ley para beber alcohol, yo ya consumía cocaína y heroína.

Me he recuperado de la adicción y ahora hay investigadores tratando de desarrollar programas de prevención innovadores para ayudar a los niños que están en riesgo a que tomen un camino diferente del que yo elegí.

Desarrollar un programa antidrogas público que realmente funcione no ha sido fácil. Muchos de nosotros crecimos con programas contra las drogas como el DARE (Educación en la resistencia al abuso de las drogas, por su sigla en inglés) o la campaña surgida de la inspiración de Nancy Reagan, “Just Say No”. Sin embargo, la investigación muestra que esos programas y otros parecidos, que dependen de la educación y tácticas de miedo, fueron inefectivos e hicieron muy poco por detener el consumo de drogas en niños con alto riesgo.

Ahora, un nuevo programa contra las drogas que se ha puesto a prueba en Europa, Australia y Canadá se muestra prometedor. El programa, llamado Preventure, elaborado por Patricia Conrod, profesora de psiquiatría de la Universidad de Montreal, reconoce cómo el temperamento de un niño está relacionado con su riesgo de consumir drogas, cómo esas características distintivas generan varios caminos hacia la adicción. Las primeras pruebas muestran que los estudios de personalidad pueden identificar al 90 por ciento de los niños con riesgo más alto y así es posible atenderlos antes de que causen problemas.

Al reconocer que la mayoría de los adolescentes que prueben el alcohol, la cocaína, los opiodes o las metanfetaminas no se volverán adictos, es posible enfocarse en qué tiene de diferente la minoría que sí se hará.

Las características que ponen a los chicos en mayor riesgo de desarrollar una adicción no son las que esperaríamos. En mi caso, yo parecía una candidata improbable para caer en una adicción. Mi desempeño académico era excelente, me portaba bien en clase y participaba en varias actividades extracurriculares.

Pero sufría de soledad, ansiedad y sobrecarga sensorial. Los mismos rasgos que me hacían “dotada” para lo académico me hacían torpe con las personas.

Por eso, cuando mi profesor de salud dijo que la presión de los compañeros podría empujar a alguien a consumir drogas, lo que yo escuché fue: “Las drogas te harán cool”. Para alguien que se sentía excluida, esto hizo que las sustancias psicoactivas fueran tremendamente atractivas.

Las pruebas de personalidad de Preventure van todavía más lejos.

Se enfocan en cuatro características de riesgo: búsqueda de sensaciones, impulsividad, sensibilidad a la ansiedad y desesperanza.

Cabe destacar que la mayoría de los niños en riesgo pueden detectarse pronto. Por ejemplo, a mí en preescolar me diagnosticaron trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH), lo que incrementa tres veces el riesgo de desarrollar una adicción a drogas ilegales. Mi dificultad para regular mis emociones y mi alta sensibilidad atraían a los bravucones. Luego, mi aislamiento me condujo a la desesperanza.

Un chico que comienza a consumir drogas por una sensación de desesperanza, como yo, por ejemplo, tiene una meta muy distinta de uno que busca emoción.

Tres de los cuatro rasgos que Preventure identifica se vinculan con problemas de salud mental, un factor de riesgo crucial para desarrollar adicciones. La impulsividad, por ejemplo, es común entre las personas con TDAH, y la desesperanza a menudo es un precursor de la depresión. La sensibilidad a la ansiedad, que significa estar muy al pendiente de los signos físicos de la ansiedad y asustarse por ellos, está ligada al trastorno de pánico.

Aunque la búsqueda de sensaciones no está asociada con otros diagnósticos, genera riesgo de desarrollar adicciones por la obvia razón de que a las personas que tienden a desear experiencias intensas muy seguramente les gustarán las drogas.

Preventure comienza con una capacitación intensiva de dos a tres días para los docentes, a quienes se les imparte un curso relámpago de técnicas terapéuticas probadas para combatir los problemas psicológicos. La idea es prevenir que la gente con personalidad solitaria se empantane en un desorden de pensamientos que pudiera terminar en un diagnóstico o, en el caso de los buscadores de sensaciones, llevar a conductas peligrosas.

Al inicio del año escolar, los alumnos de secundaria pasan por una prueba de personalidad para identificar a los excluidos. Unos meses después se ofrecen a toda la escuela, pero con cupo limitado, dos talleres de 90 minutos que se presentan como un curso de encaminar la personalidad hacia el éxito. La abrumadora mayoría de los estudiantes se inscriben, dice la Dra. Conrod.

Aunque la selección, aparentemente, se hace al azar, solo aquellos con puntuaciones extremas en la prueba (que ha mostrado detectar al 90 por ciento de quienes están en riesgo) realmente asisten. A ellos los asignan al taller más enfocado en su rasgo problemático.

El motivo por el que fueron seleccionados no se divulga en principio. Si los estudiantes preguntan, se les brinda información honesta; sin embargo, la mayoría no lo hace y, por lo general, notifican que los talleres les fueron pertinentes y útiles.

“No se etiqueta”, explica la Dra. Conrod. Eso reduce la posibilidad de que los chicos conviertan una etiqueta como “alto riesgo” en una profecía de autocumplimiento.

En los talleres se enseña a los alumnos técnicas conductuales cognitivas para enfrentar problemas emocionales y de comportamiento específicos, y se les anima a utilizar esas herramientas.

Preventa se ha puesto a prueba en ocho estudios aleatorios en el Reino Unido, Australia, los Países Bajos y Canadá, donde se ha encontrado una reducción en la ingesta desmedida de alcohol, consumo frecuente de drogas y problemas relacionados con el alcohol.

Un estudio publicado en JAMA Psychiatry en 2013 incluyó a más de 2600 chicos de 13 y 14 años de 21 escuelas en el Reino Unido, la mitad de los cuales se seleccionaron aleatoriamente para entrar al programa. En general, Preventure redujo el consumo de alcohol en las escuelas escogidas en un 29 por ciento, incluso entre quienes no asistieron a los talleres. Entre los chicos de alto riesgo que asistieron, el consumo desmedido de alcohol disminuyó 43 por ciento.

La Dra. Conrod sostiene que es posible que Preventure tuviera efecto en quienes no participaron al reducir la presión ejercida por los estudiantes de alto riesgo. También sospecha que la capacitación de los maestros los hizo más empáticos con los estudiantes de alto riesgo, lo que pudo aumentar la conexión escolar, un factor que, se sabe, reduce el consumo de drogas.

Algunos estudios que se realizaron en 2009 y 2013 también mostraron que Preventure disminuyó los síntomas de depresión, los ataques de pánico y el comportamiento impulsivo.

Para los chicos con rasgos de personalidad que los ponen en riesgo, aprender cómo manejar las características que nos hacen distintos y a menudo difíciles podría cambiar una trayectoria que quizá terminaría en tragedia.