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Te hablamos de las adicciones
  • Vigorexia.

13 de noviembre del 2023

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Con el paso de los años el concepto de belleza ha ido evolucionando mucho, influenciado por diversos factores culturales y sociales. Actualmente la publicidad y las redes sociales determinan los estándares de belleza en la sociedad; mujeres delgadas y hombres musculados. Estos perfiles llevados al extremo conllevan dos trastornos principalmente: anorexia y vigorexia. Las personas que padecen estos trastornos poseen una imagen distorsionada de sí mismos. Garner y Gatfinkel distinguieron dos tipos de alteraciones; la perceptual la cual impide tener conciencia sobre su tamaño real, y la cognitivo-afectiva que tiene como consecuencia una baja autoestima y pensamientos negativos sobre su aspecto. Por lo tanto, la vigorexia se puede definir como un trastorno obsesivo compulsivo (TOC) por la musculatura corporal y por el ejercicio físico. La vigorexia fue descrita por primera vez en la década de los años 90 por el investigador Harrison Pope, bajo el concepto de anorexia reversa dado que se parecía a la anorexia nerviosa pero las características eran opuestas. Posteriormente se observó que el origen del problema no se encontraba en los hábitos alimentarios (como en la anorexia nerviosa) sino en la insatisfacción con la propia imagen, por eso pasó a denominarse dismorfia muscular. En 1997 este concepto fue incluido al léxico psiquiátrico, guardando relación con otros trastornos mentales; con el Trastorno Dismórfico Corporal (TDC) por los pensamientos y sentimientos que intervienen en la percepción del tamaño y forma del cuerpo, tanto el real como el deseado; con el Trastorno Obsesivo-Compulsivo (TOC), dada la obsesión del pensamiento que les atrae hacia el entrenamiento de pesas (hipertrofia muscular) y la compulsión de realizarlo constantemente. Por último, también guarda relación con el Trastorno de la Conducta Alimentaria (TCA). Finalmente, en 2005, Baile estableció que sí que se trataba de una alteración dismórfica y lo denominó como se conoce actualmente: vigorexia. El manual DSM-V publicado en 2013 incluyó este trastorno dentro del capítulo de los TOC y TDC con nuevos criterios diagnósticos. Debido a la variedad de conductas que presentan los pacientes y a la heterogeneidad de herramientas empleadas para su identificación, no se han establecido aún unos criterios mínimos estandarizados que rijan su diagnóstico. El grupo de riesgo principal son los adolescentes; afectando a más del 50%, principalmente por los cambios corporales que transcurren entre los 12 y los 16 años. En esta edad aumenta la preocupación por la imagen, empieza lo que se conoce como “culto al cuerpo”; a través de la alimentación y el deporte buscan alcanzar la “perfección” la cual está relacionada con la aceptación social. Para lograr sus objetivos físicos realizan ejercicio de forma excesiva. Algunos autores utilizan un término de más de ocho sesiones por semana, otros definen un nivel alto de actividad física en más de una hora diaria, seis o siete días por semana. En el síndrome de adicción al ejercicio se exagera el tiempo, la intensidad y la frecuencia de cualquier actividad física o entrenamiento deportivo. También se ven modificados sus hábitos dietéticos; siguen dietas ricas en proteínas y bajas en grasas y carbohidratos. Para lograr unos mejores resultados, ingieren sustancias ergogénicas clasificadas en: nutricionales (proteínas), hormonales (esteroides anabólicos androgénicos) y farmacológicas (anfetaminas). Este estilo de vida tiene múltiples efectos, tanto en su salud ya que la mayoría acaba padeciendo insuficiencia renal y lesiones musculares como en el ámbito social, en el que se observa un abandono y evitación de las actividades sociales, bajos niveles de extroversión y amabilidad y se evita mostrar su cuerpo en público. Por último, en el psicológico presentan comorbilidad con otros trastornos del ánimo como con la ansiedad y la depresión. Respecto a la prevalencia de esta patología, no existen datos fiables ya que se considera que está infradiagnosticada e infravalorada. En España se estima que entre 20000 y 30000 personas la sufren. En los resultados obtenidos de estudios internacionales se observa una prevalencia entre 13.6% y 14.7%, es importante destacar que no se trata de un trastorno exclusivo de los culturistas ni de los varones usuarios de gimnasio, pero sí que se observa una incidencia mayor en estos grupos. El tratamiento debe ser multidisciplinar; dietético-psicológico-farmacológico. Los últimos estudios revelan que gracias a inhibidores selectivos de la receptación de la serotonina (ISRS); principalmente fluvoxamina y clomipramina se obtienen grandes beneficios, entre ellos: mejoría en las relaciones sociales, concienciación de la enfermedad y una disminución de la ansiedad y de las ideas obsesivas. El problema principal radica en la falta de información y conciencia de enfermedad que padecen estos usuarios. La mayoría realizan autónomamente sus dietas y calendarios de ejercicio sin consultar a nutricionistas u otros profesionales de salud. Por este y otros motivos es necesario visibilizar que se trata de un problema serio, fomentar la investigación e incidir en programas de detección precoz y prevención; en los que enfermería posee un papel fundamental.